En un país donde la inseguridad se ha vuelto parte del día a día, el reciente documental de Hablando Huevadas, protagonizado por Jorge Luna y Ricardo Mendoza, pone sobre la mesa una realidad silenciosa: en medio del miedo, la incertidumbre y la violencia el humor se ha convertido en una forma de resistencia frente a la realidad. Aunque la producción se presenta como un retrato del crecimiento del dúo humorístico, lo que realmente expone es cómo miles de peruanos encuentran en la risa un espacio para respirar en una ciudad marcada por la delincuencia.
Durante el documental se observa a un público que no solo acude a un espectáculo para divertirse, sino para desconectarse de un entorno donde los robos, extorsiones y violencia se vuelven parte del día a día de los peruanos. Según la psicóloga Carolina Arévalo La risa funciona como un mecanismo de afrontamiento en contextos de violencia o estrés social. En ciudades donde la inseguridad es parte del día a día, los espacios humorísticos cumplen un rol similar al de una válvula de escape: permiten aliviar tensiones y crear un sentimiento de comunidad momentánea añade.
La historia del ascenso de Luna y Mendoza también muestra las contradicciones de la fama en un contexto inseguro. A medida que su popularidad crece, también lo hacen los riesgos asociados a la exposición pública en el Perú: amenazas digitales, hostigamiento en redes, multitudes difíciles de controlar y la necesidad de reforzar medidas de seguridad en cada presentación. Su tránsito de bares pequeños a teatros masivos refleja no solo éxito, sino la gestión de un ecosistema donde artistas y espectadores deben protegerse del mismo entorno que intentan evadir por unas horas.
Más allá del entretenimiento, el documental funciona como un termómetro social. Las carcajadas del público nacen, muchas veces, de situaciones absurdas, violentas o injustas que los propios comediantes relatan desde la experiencia cotidiana. Y esa identificación revela una verdad: reímos porque duele y reímos para soportar. En una sociedad donde normalizamos vivir con miedo, el humor se vuelve una herramienta emocional, una forma de afirmar que la inseguridad no ha logrado arrebatarnos todo.
Así, Hablando Huevadas termina diciendo más de lo que pretende. No solo es la historia de dos comediantes, sino el reflejo de un país que encuentra en la risa una estrategia de supervivencia. En tiempos donde la delincuencia marca el ritmo de la ciudad, el humor emerge como una forma de defensa, un paréntesis vital para recordar que aún podemos reunirnos, mirarnos y, aunque sea por un momento, sentirnos a salvo.





