voleibolística y tranquilidad absoluta, donde Deportivo Géminis no solo sumó una victoria contundente por 3-0 ante Deportivo Wanka en la tercera fecha de la Liga Nacional Superior de Vóley (LNSV), sino que también demostró que el deporte de alto nivel puede florecer en un entorno seguro y vibrante. Con parciales de 25-19, 26-24 y 25-14, el encuentro trascendió el marcador para convertirse en una celebración colectiva, donde jugadoras y aficionados disfrutaron de un ambiente familiar, protegido y lleno de energía positiva, marcando un hito en la temporada para el equipo de Comas.
Desde las primeras horas de la tarde, el Coliseo Miguel Grau bullía de vida. Más de 1.500 espectadores –familias enteras, hinchas apasionados y curiosos atraídos por el renovado Géminis– llenaron las gradas con banderas, cánticos y un colorido mosaico de camisetas azules y blancas. El ambiente era el de una fiesta comunitaria: niños con globos alusivos al vóley, vendedores ambulantes ofreciendo anticuchos y churros sin interrupciones, y un sonido de tambores improvisados que sincronizaba con los saques del equipo local. «Venir aquí con mis hijas es un placer; se siente como un parque temático del deporte, pero sin preocupaciones», comentaba María López, una madre de familia del distrito de Comas, mientras aplaudía el primer punto del set inicial. La euforia colectiva se intensificó en el segundo set, con un intercambio de puntos que mantuvo a todos al borde de sus asientos, culminando en un 26-24 que desató una ovación ensordecedora, como si Géminis hubiera conquistado un título mundial.
Pero más allá de la emoción palpable, lo que realmente brilló fue la seguridad que envolvió el evento como una red invisible pero inquebrantable. Bajo la dirección impecable de la Policía Nacional del Perú (PNP) y el personal de seguridad privada del Coliseo, coordinados con la Federación Peruana de Voleibol, el perímetro del estadio fue un modelo de prevención. Controles de ingreso rigurosos pero fluidos –con detectores de metales y revisiones visuales amigables– evitaron cualquier aglomeración, permitiendo que las familias entraran sin demoras. Cámaras de vigilancia de última generación cubrían cada rincón, y patrullas discretas de agentes uniformados se movían entre las gradas, no como presencias intimidantes, sino como guardianes invisibles que fomentaban la confianza. «Nos sentimos protegidas en la cancha y fuera de ella; eso nos permite enfocarnos en jugar con libertad», confesaba Vielka Peralta, la dominicana que lideró con 15 puntos, destacando cómo la ausencia de tensiones externas impulsó su desempeño estelar.
Para las jugadoras, el ambiente fue un catalizador de excelencia. El vestuario de Géminis, ventilado y equipado con estaciones de hidratación y primeros auxilios, sirvió de refugio antes del pitazo inicial, donde Natalia Málaga, en su debut como entrenadora, arengó al equipo con mensajes de unidad y calma. En la cancha, la defensa sólida y los ataques precisos de Peralta y Florangel Terrero (14 puntos) no solo respondieron al rival, sino que se alimentaron de la calidez del público: cada bloqueo exitoso era premiado con un rugido que reverberaba en las paredes del coliseo, creando un bucle de motivación que culminó en un tercer set demoledor (25-14), donde Wanka, pese a su esfuerzo, no pudo romper la armonía del local. Ningún incidente –ni siquiera un roce menor– perturbó el flujo del partido, gracias a protocolos de emergencia bien ensayados, como ambulancias estacionadas a metros de la entrada y personal médico capacitado en RCP deportivo.
Los asistentes, por su parte, vivieron una experiencia sin fisuras. Zonas designadas para personas con discapacidad, baños accesibles y un servicio de orientación para turistas –muchos de ellos hinchas de equipos visitantes– aseguraron que nadie se sintiera excluido. El fin del encuentro, con Géminis sumando 6 puntos y su segunda victoria consecutiva, no derivó en caos: la salida fue ordenada, con luces guiando los pasillos y voluntarios repartiendo agua gratuita. «En otros estadios a veces hay nervios, pero aquí todo fluyó como un set perfecto», relataba un aficionado de Wanka, reconociendo que, pese a la derrota, el respeto mutuo elevó la jornada.
Esta victoria no solo impulsa a Géminis en la tabla –dejando atrás una temporada irregular del año pasado–, sino que reafirma al Coliseo Miguel Grau como un referente de seguridad en el vóley peruano. Con el debut triunfal de Málaga y un equipo que respira cohesión, Comas mira al futuro con optimismo. La próxima fecha será otra oportunidad para que este ambiente protector siga nutriendo el talento y la pasión. ¿Mantendrá Géminis este equilibrio entre juego impecable y entorno ideal? El público, ya enganchado, responde con un rotundo sí: el vóley peruano no solo gana en la red, sino en la confianza colectiva.





